Existen muchos mitos sobre confinar a tu compañero canino, la mayoría de ellos sin fundamentos reales y sólo descritos a partir de la perspectiva humana. Tildándolo como algo malo o sin algún beneficio. Sin embargo, esto no es del todo real, ya que el confinamiento se encuentra dentro de los comportamientos naturales de nuestro compañero canino.

 

Algunos de los comentarios más usados son:

“Pobrecito, ¿cómo que se va a encerrar?”

“Me da tristeza verlo ahí”

“Siento feo al verlo ahí”

“De seguro está sufriendo”

“Por supuesto que no lo encerraría!”

 

Es cierto y notorio que un mal confinamiento comienza cuando se quiere “meter a un Husky en una transportadora destinada a un Schnauzer miniatura”. De esto se han encargado algunas personas con falta de ética y profesionalismo. Fuera de ello, tiene muchos beneficios.

 

El confinamiento, además de facilitarnos el transporte del compañero canino, ayuda a prevenir la ansiedad por separación, nos permite ofrecerle un sitio tranquilo y familiar. Le ayudamos indirectamente a que sea un individuo seguro, a tener buen autoestima y a saber estar solo.

 

Para lograr un buen confinamiento tenemos que conseguir que el compañero canino lo vea como algo positivo y confortable. Las primeras veces es normal que llore o intente salir cuando cerramos la puerta. Esto no debe preocuparnos, debemos seguir el protocola para lograr la asociación correcta. También dentro de un programa serio general de adiestramiento tiene importantes usos.

 

Por último, el abuso del área de confinamiento, a parte de no ser ético, puede generar hiperactividad en el compañero canino, mala relación con nosotros y patologías del comportamiento. Por eso su uso y el modo de utilizarlo debe ser guiado por especialistas en conducta canina. Un ejemplo son los cachorros, con ellos no debemos exceder más de 4 o 5 horas seguidas en la transportadora.

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